El culto a los muertos en Arequipa
La región conserva ritos únicos que combinan rezos, música y ofrendas. Por: Ronal Henry Huanca Chacon-FPPHP. La celebración a los difuntos une fe, memoria y tradiciones culturales; al principio la Iglesia solo honraba a

La región conserva ritos únicos que combinan rezos, música y ofrendas.
Por: Ronal Henry Huanca Chacon-FPPHP.
La celebración a los difuntos une fe, memoria y tradiciones culturales; al principio la Iglesia solo honraba a los mártires, pero luego también a confesores y vírgenes. Influenciada por las festividades celtas dedicadas a los muertos a fines de octubre, se establecieron fechas oficiales para recordar a los santos y a las almas del purgatorio, originando una tradición que perdura con gran significado en la actualidad.
Fue en el año 607 cuando el papa Bonifacio IV estableció en Roma el 1 de noviembre como día para conmemorar a todos los santos. Más tarde el papa Gregorio IV dispuso que esta celebración fuera universal para la Iglesia. Ya en la Edad Media, bajo el impulso del monasterio de Cluny se sumó el 2 de noviembre como día para rezar por los fieles difuntos que se encuentran en el purgatorio. Así surgieron dos fechas muy unidas, que hasta hoy conservan un profundo valor religioso en diversas partes del mundo, entre ellas Arequipa.
En esta región, la forma de rendir homenaje a los fallecidos presenta prácticas diferentes según los pueblos y los espacios que se ocupan. En los lugares ubicados desde Tingo Grande hacia la parte alta del valle del Chili, las visitas al cementerio se realizan durante el día, tanto el 1 como el 2 de noviembre. En cambio, en poblaciones como Socabaya, Polobaya, Tiabaya y otras ubicadas río abajo, las familias acuden al cementerio por la noche del Día de Todos Santos y permanecen allí hasta la madrugada del día siguiente.

Esta celebración también se expresa de distinta manera según el entorno social, en cementerios como el Jardín de la Esperanza o el Jardín de Arequipa, lo más común es llevar ramos de flores; mientras que en la Apacheta o en cementerios distritales y rurales se puede ver a personas que acompañan su visita con música, oraciones prolongadas y ofrendas más elaboradas, conservando tradiciones antiguas que aún mantienen quienes migraron desde el interior del país.
Las familias preparan ofrendas el 1 de noviembre para recibir a las almas que regresan a visitar a sus seres queridos, decorando y limpiando las tumbas, colocando comida y objetos que les gustaban en vida. Creen que, si el alma es recordada con alegría, brindará protección; pero si es olvidada, puede sentirse triste y causar pena.
En estas celebraciones es común escuchar a rezadores populares que combinan cantos y rezos en quechua, español, latín y aymara, dando un toque especial al ambiente; los cementerios se llenan de luces y música y muchas personas se quedan hasta el amanecer, para luego volver al mediodía del día siguiente a despedirse de sus seres queridos con flores y oraciones.
El 2 de noviembre comienzan nuevamente las visitas, especialmente en los cementerios que no recibieron gente durante la noche anterior, las tumbas se adornan con flores, velas y fotografías, y se colocan mantas donde se acomodan distintos alimentos como guaguas de pan que representan a la familia, frutas, dulces, platos típicos como chicharrón o parrillada, además de chicha, vino, cerveza o aguardiente. Algunos alimentos son simbolismos de sustento para las almas y las bebidas suelen compartirse entre los presentes o rociarse sobre la tumba como gesto de homenaje.
Por la tarde se realiza la despedida de las almas, consumiendo todas las ofrendas antes del anochecer para que el difunto se marche contento hasta el próximo año. Así, Todos Santos en Arequipa conserva una tradición que une la fe cristiana y costumbres ancestrales, manteniendo vivo el vínculo entre los vivos y seres queridos que ya partieron.

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