Arequipa en el Diario de Heinrich Witt, el viajero anglo-germano en la Ciudad Blanca
Historiador Augusto Lostaunau Moscol-FPPHP. Una de las memorias más importantes que se ha escrito sobre el Perú republicano del siglo XIX, es la del viajero y comerciante anglo-germano Heinrich Witt, quien llegó al país

Historiador Augusto Lostaunau Moscol-FPPHP.
Una de las memorias más importantes que se ha escrito sobre el Perú republicano del siglo XIX, es la del viajero y comerciante anglo-germano Heinrich Witt, quien llegó al país en plena independencia y se avecindó en Arequipa, atraído por el comercio y la presencia de diversas Casas Comerciales Inglesas que controlaban las rutas marítimas y terrestres. De alguna manera, fue el pago por el apoyo recibido durante las guerras independentistas. Del domingo 15 al sábado 20 de enero de 1843, Witt regresó a la ciudad de Arequipa como parte de su recorrido comercial por el sur del Perú.
Anotó: “Esta semana de estancia en Arequipa fue para mí una época muy placentera. Antes de desayunar solía dar una caminata por la ciudad, o una cabalgata por sus hermosos alrededores” (1993:19).

Son muchos los viajeros y visitantes europeos que han recorrido la Ciudad Blanca y el valle que lo rodea. Siempre han dejado escritos (memorias, diarios o cartas) donde destacan la belleza de las mismas y el placer por recorrer sus rincones. Además, narra su vida social: “Una velada la pasé donde Marriott jugando naipes, y dos veces donde el Dr. Gallagher, con el mismo propósito; a él y su esposa Isabel los conocí por primera vez. Ellos no eran incómodos para mí y los encontré bastante hospitalarios y amigables” (1993:20).
La presencia de ciudadanos ingleses y de otras naciones europeas en Arequipa no se inicia con los albores republicanos; pero fue la Independencia que originó una llegada masiva de los mismos que, rápidamente, se incorporaron a la sociedad de la región. Sus costumbres se popularizaron. Witt indica: “La ciudad de Arequipa, hasta donde yo podía juzgar, había cambiado muy poco, si algo, desde mi última visita a fines del año 1833. La cantidad de su población nunca la había sabido exactamente, pero pienso que la ciudad difícilmente excedía los 30 mil habitantes y si se incluían las villas vecinas esta cifra quizás podría incrementarse en 10 mil más” (1993:21).
Un espacio económico-social de gran importancia, pero que siempre presentó una pequeña población debido a la dispersión de sus actividades productivas. Eso se puede apreciar en su texto: “Después de pasar el puente uno se encuentra en la Plaza Mayor, cuyo lado Este está ocupado por la Catedral; los otros tres por hileras de casas cuyos frentes son los pórticos o Portales… A eso de las 6 o 7 am la plaza se convierte en un mercado. Vendedoras de todo tipo de provisiones, cholas de los alrededores, se reúnen y colocan debajo de tiendas portátiles que traen consigo, dispersando su mercadería en el suelo” (1993:22).

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